LA FLORA CORSA

Una rica y específica flora corsa, 2500 plantas silvestres y endémicas.

Desde el punto 0 del mar hasta la cima del Monte Cinto a 2706 m, se suceden varias capas de vegetación, haciendo de Córcega una excepción en el Mediterráneo. De la insularidad, heterogeneidad y diversidad de hábitats en distancias cortas, nace una flora corsa rica y contrastada.

De la historia también. La exportación masiva de madera en la antigüedad destruyó la mayor parte del bosque, ahora reemplazado por el maquis. La vid, el olivo y la higuera fueron introducidos en Córcega por los griegos, el castaño por los genoveses; en cuanto a la clementina, apareció durante el siglo XX.

En la isla hay 22500 especies de plantas, entre ellas 140 endémicas de Córcega y 80 endémicas de Córcega y Cerdeña. El aislamiento ha creado algunas características originales sobre las especies más comunes que se encuentran en otros lugares.

La flora de la costa de Córcega

En las cálidas laderas del litoral crece una flora mediterránea, donde cohabitan plantas exóticas (chumbera, tamarisco, agave americano, aloe, eucalipto...). ) y plantas de matorral y matorral (enebro fenicio, acebuche, enebro, lentisco, pino, tomillo, romero, jara, lavanda, roble, clemátide, brezo, mirto, asfalto, hinojo, inmortal...).

En la duna encontramos plantas específicas adaptadas al rocío marino, al viento y a las altas temperaturas: diotis marina, media luna marina, margarita de arena, cohete de mar, citis, panicaut, esporobolo, trébol, alfalfa marina, amapola de cuernos, trapo cinerario, malva real, antemi...

El maquis corso

Menos alto que un bosque y siempre verde, el matorral cubre el 40% del territorio. Crece hasta unos 1000 m. Densa, fragante, invasiva, tupida y espinosa, coloniza los suelos abandonados. Se compone principalmente de madroño, brezo, jara, calicotomo, inmortal, mirto, tomillo, romero, lentisco, asfalto, ciclamen, clemátide, zarzaparrilla, madreselva, zarza y encina. Perdidos en los matorrales, se pueden encontrar alcornoques u olivos, restos de antiguas culturas.

El matorral es el hábitat de los animales salvajes pero también de las setas en otoño, más de 500 especies por descubrir en el sotobosque: agáricos, boletos, rebozuelos, setas, amanitas, patas de oveja, morillas, sarcodones, coulemelles, setas ostra, rústicos, trompetas de la muerte, rebozuelos, y el famoso boleto bronceado con su carne densa y fragante.

La flora de la montaña

Aisladas o en bosques, muchas especies pueblan la montaña: pino laricio endémico, encina, sésil y pubescente, tejo, pino marítimo, haya, aliso fragante, abeto, cedro, azafrán, hellebore, dedalera, pequeño lirio del valle...

A partir de 2000 m, la flora se contrae para dar paso a los árboles frutales enanos (enebro enano, espina de vinette) y a los céspedes naturales tachonados de manantiales, llamados "pozzine" donde se desarrolla una flora específica: nardus stricta, juncia, junco, ranúnculo, cinquefoil inglés, margarita de las nieves...

Algunas flores endémicas por descubrir

Uno se encuentra con muchas flores silvestres mientras camina por Córcega. Se alinean en los caminos, florecen en las dunas, iluminan los prados o crecen en la maleza al abrigo de la luz. Ciertas especies de flores se han desarrollado de manera específica en la isla, creando variedades endémicas que no se pueden encontrar en ningún otro lugar: el crocus (crocus corsicus, el azafrán corso), la orquídea (ofrenda de Conrad, orquídea de Nurra). ), colchicum, violeta, rómula, lupino, ajo, columbina, margarita, clavel, dedalera, inmortal, hierba de San Juan, margarita, nomeolvides, menta, nepeta, ranúnculo, ... y la hierba mantecosa de Córcega (pinguicula corsica), una pequeña planta carnívora endémica con bonitas flores púrpuras que se encuentra en las boquillas.